El Maremoto
El
Coquijote
Don Cachiro siempre
hablaba,
cuando llegaba la
ocasión,
de su primera profesión,
cuando en botes navegaba.
Era marino mercante,
entre Boriquén
y Quisqueya,
y de Provi la doncella,
la de muy bello semblante.
A otros puertos embarcaba,
cargando frutos menores,
con trabajo y sínsabores,
que cada día
le colmaba.
Cuenta que aquella
ocasión,
mientras chinas descargaba,
sintió que
el mar se alejaba,
en el puerto del
Malecón.
Quedó el bote
reposado,
en el piso de la
bahía,
y mucha gente que
corría,
para atrapar el pescado.
Porque ese mar se
retiró,
en la bahía
de Mayaguez,
y contándonos
que a su vez,
a todo el pescado
varó.
Gente de la maravilla,
el caserío
frente del mar,
se dedicaron a pescar,
caminando por la
orilla.
Esto ya no es de
mi agrado,
Don Cachiro comentó,
y rapido el se dirigió,
hacia un lugar elevado.
El cerrillo del Malecón,
a media milla quedaba,
el que su vida apreciaba,
alli se fué
sin dilación.
Oleaje que sobrevino,
sobre la playa
se aventó,
con agua salada cubrió,
a ese muy llano camino.
Arropando en el poblado,
los almacenes, caseríos,
y desbordandose los
ríos,
cuando el mar ya
regresado.
Las pérdidas
fueron muchas,
mayormente materiales,
pues arrazó
arrabales,
destruyendo las casuchas.
El recuerdo ya es
remoto,
de ese muy lejano
día,
poca edad Cachiro
tenía,
en el día
del maremoto.
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